
Por qué te confundes y te agitas por los problemas de la vida? Déjame el cuidado de tus cosas y todo te ira mejor. Cuando te abandonas en mi, todo se resuelve con tranquilidad, según mis designios. No te desesperes. No me dirijas una oración angustiada como si quisieras exigirme el cumplimiento de tus deseos. Cierra los ojos del alma y dime con calma: “Jesús, yo confío en Ti”.
Evita las preocupaciones que te afligen y los pensamientos negativos sobre lo que puede suceder más adelante. No estropees mis planes, queriendo imponerme tus ideas. Déjame ser Dios y actuar como sé hacerlo. Abandónate confiadamente en mí y deja en mis manos tu futuro. Dime frecuentemente: “Jesús, yo confío en Ti”. Lo que más daño te hace es tu razonamiento, tus propias ideas, y el querer resolver las cosas a tu manera.
Cuando me dices: “Jesús, yo confío en Ti” no seas como el paciente que le pide al médico que lo cure, pero le sugiere el modo de hacerlo. Déjate llevar en mis brazos, no tengas miedo. Yo te amo. Si crees que las cosas empeoran o se complican a pesar de tu oración, sigue confiando. Cierra los ojos del alma y confía. Continua diciéndome a toda hora: “Jesús, yo confío en Ti”.
Necesito las manos libres para obrar. No me ates con tus preocupaciones inútiles. Satanás quiere eso: agitarte, angustiarte, quitarte la paz. Confía solo en mí, abandónate en mí. Yo obro en proporción del abandono y la confianza que tienes en mí. Así que no te preocupes, deposita el mi todas tus angustias, todos tus problemas, tus dificultades y duerme tranquilo.
Dime siempre: “Jesús, yo confío en Ti” y veras como se va llenando tu vida de paz, tranquilidad, de amor y sosiego. Te lo prometo y te lo cumplo porque te amo. Tu amigo que nunca falla, Jesús
Autor desconocido

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.