
A nosotros que damos lo mejor que podemos dar, nuestros sentimientos, nuestros sueños, y hasta nuestros corazones.
A nosotros que en algún momento sentimos algo por alguien distante o cercano, no importa, por eso a nosotros mismos, que al menos sabemos que podemos sentir que terminamos demostrándonos que nuestros sentimientos están intactos.
Y sí; a nosotros mismos que somos lo mejor que tenemos y lo brindamos así, sin más a quien lo pida quizás porque también necesitamos recibir. A todos los que conocimos y olvidamos, a los que nos conocieron y nos olvidaron, a los que recordamos y nos recuerdan, a los que amamos y ya no y aunque ya no hablemos.
A los que hablamos todos los días como si fuera el primero. A todo este mundo creado por nosotros mismos, que sin darnos cuenta ya no podemos escapar, ya no queremos escapar porque forma parte de nosotros, porque lo necesitamos y nos necesita.
A los miles de sueños que corren día a día por la red. A los que están solos, a los que se sienten solos a los que no. Por eso quiero dedicar este momento a nosotros mismos, a mi, a ti, y darte las gracias por estar, quizás nunca sepa tu nombre, ni de dónde eres, quizás nunca te vea, pero estás y eso es lo que importa.
Autor desconocido

Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición. Que mis ojos sonrían diariamente por el cuidado y compañerismo de mi familia y de mi comunidad.
Que mi corazón sonría diariamente por las alegrías y dolores que compartimos. Que mi boca sonría diariamente con la alegría y regocijo de tus trabajos.
Que mi rostro dé testimonio diariamente de la alegría que tú me brindas. Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.
Por: María T. De Calcuta

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.