
Perdono a los demás y me perdono. Soy libre para amar y disfrutar de la vida. Me resulta fácil reprogramar mi mente. Toda la vida es cambio y mi mente es siempre nueva. La vida es cambio y me adapto con facilidad a lo nuevo. Acepto la vida, el pasado, el presente y el futuro proceso de la vida. Sé que la vida está a mi favor.
Merezco gozar de la vida. Acepto todos los placeres que la vida me ofrece. Confío en que el proceso de la vida sólo me lleva a mi mayor bien. Estoy en paz. Todos se fijan en mí y me valoran de la forma más positiva. Soy una persona amada. Confío en el proceso de la vida. Me resulta fácil pedir lo que deseo. La vida me apoya.
Estoy relajado y en paz porque confío en el proceso de la vida. Todo está bien en mi mundo. Me encuentro en la verdad y vivo y actúo con alegría. Amo la Vida y circulo libremente.
Extraído del libro: Sana tu Cuerpo
¡Bendecido día!

Que mis ojos vean que tú eres la luz que alumbra mi camino. Que mi alma sienta el gozo de llevarte muy dentro. Que mi corazón reciba con humildad el amor que tu me das. Que mis pensamientos sean para glorificarte y bendecirte. Que mis silencios sean para hablar contigo y escucharte. Que mis oraciones clamen ante tí el cambio que debo tener. Señor quiero vivir bajo tu mirada. Caminar sin cansancio hasta encontrarte, así sentir la paz y el gozo que tu infinito amor me da. Amén.
Gracias Padre por todo y por tanto...
¡Felices Pascuas!

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.