
Vengan a mí, acudan todos. Mi corazón está abierto para recibirlos. Pidan y yo les daré; Llamen a mi puerta que yo les responderé enseguida. Los que sufren, sepan que yo comparto su sufrimiento; Los que lloran, sepan que yo comparto su llanto. Soy humilde de corazón. Si la fatiga les cansa, yo seré su descanso.
Tomen mi yugo que es ligero y el peso que les aplasta, Yo le llevaré también. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y lleno de amor.
Éxodo 34, 6

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.