
Creo en ti amigo: si tu sonrisa es como un rayo de luz que alegra mi existencia.
Creo en ti amigo: si tus ojos brillan de alegría al encontrarnos.
Creo en ti amigo: si compartes mis lágrimas y sabes llorar con los que lloran.
Creo en ti amigo: si tu mano está abierta para dar y tu voluntad es generosa para ayudar.
Creo en ti amigo: si tus palabras son sinceras y expresan lo que siente tu corazón.
Creo en ti amigo: si sabes comprender bondadosamente mis debilidades y me defiendes cuando me calumnian.
Creo en ti amigo: si tienes valor para corregirme amablemente.
Creo en ti amigo: si sabes orar por mí, y brindarme buen ejemplo.
Creo en ti amigo: si tu amistad me lleva a amar más a DIOS y a tratar mejor a los demás.
Creo en ti amigo: si no te avergüenzas de ser mi amigo en las horas tristes y amargas.
Anónimo

Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición. Que mis ojos sonrían diariamente por el cuidado y compañerismo de mi familia y de mi comunidad.
Que mi corazón sonría diariamente por las alegrías y dolores que compartimos. Que mi boca sonría diariamente con la alegría y regocijo de tus trabajos.
Que mi rostro dé testimonio diariamente de la alegría que tú me brindas. Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.
Por: María T. De Calcuta

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.