
Cuando amanezca de nuevo, busca un lugar especial donde solamente has vivido alegrías, cierra tus ojos, imagínate un lugar, un paisaje donde todo es tranquilidad, donde todo nació de nuevo a tu lado. Cuando amanezca de nuevo, solamente recuerda lo mejor de ti, lo que te ayudará a olvidar la tormenta que has dejado atrás...
Cuando amanezca de nuevo, acepta lo que ven tus ojos, un verdadero oasis de lo que siempre deseaste, y arroja en el mar lo que te hace daño, y vuelve a amar... recuerda que el verdadero amor, cuando llegue a ti, te hará sentir lo que nunca habías creído sentir y verás lo que siempre has deseado.
Cuando amanezca de nuevo, busca la felicidad ausente donde no exista el pasado... y te darás cuenta que el verdadero amor siempre estará a tu lado sanando tus heridas.
Cuando amanezca de nuevo, cuando el sol anuncie su presencia, sentirás en tu pensamiento el Ángel de la Felicidad, entregándote cada mañana tu derecho a amar.
Cuando salga el primer lucero, pide tu mejor deseo. Camina despacio por el camino de la verdad... para que puedas encontrar un nuevo amanecer.
«Todo es posible si tú lo crees posible»
Autor desconocido

Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición. Que mis ojos sonrían diariamente por el cuidado y compañerismo de mi familia y de mi comunidad.
Que mi corazón sonría diariamente por las alegrías y dolores que compartimos. Que mi boca sonría diariamente con la alegría y regocijo de tus trabajos.
Que mi rostro dé testimonio diariamente de la alegría que tú me brindas. Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.
Por: María T. De Calcuta

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.