
Dios mío, estoy contento porque Tú me amas, no obstante mi indignidad. Dios mío, estoy contento porque te amo, no obstante mi miseria. Dios mío, estoy contento porque puedo alguna vez, no obstante mi nada, hacer que te amen.
Dios mío, estoy contento porque puedo sufrir algo por tu amor. Dios mío, estoy contento porque Tú estás presente en la Eucaristía. Dios mío, estoy contento porque eres mi Huésped divino. Dios mío, porque tú presencia bendita en mi morada ilumina mi vida.
Dios mío, porque eres mi fuerza en los desfallecimientos de mi alma. Dios mío, porque eres mi consuelo en las angustias de mi corazón. Dios mío, porque Tú eres mi luz en las oscuridades de mi camino.
Dios mío, estoy contento porque Tú eres mi riqueza en mi pobreza. Dios mío, porque si me has quitado mucho, me has dejado todavía mucho más. Dios mío, porque Tú eres la Belleza, la Bondad, la Verdad resplandeciente de la que mi alma está sedienta. Dios mío, porque Tú eres la eterna felicidad de aquellos que he perdido.
Amén.
Autor desconocido

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.