
“Llorar es hacer menos profundo el dolor”
William Shakespeare
Los padres y madres del desierto, aquellos hombres y mujeres del cristianismo primitivo, que salieron al desierto para sumergirse en la oración, muchas veces oraban pidiendo el don de lágrimas. Las lágrimas pueden ser hermosos signos de puntuación en la maravillosa poesía que es la vida; Ayudan a dar significado e inflexión a emociones diversas. No debemos avergonzarnos de llorar; más bien deberíamos considerarlo u regalo.
Mantener apretados los labios, a fin de cuentas, o lograrás mucho más que cansar los labios, mientras un buen llanto puede purificarnos y refrescarnos. Reflexiona sobre la última vez que lloraste. Una vez que se secaron tus lágrimas, ¿Cuáles fueron tus sentimientos?
¿Hay algo en tu vida ahora que pueda beneficiarse de ese mismo sentimiento, de esas mismas lágrimas? Querido Dios, si Jesús lloró, también yo puedo experimentar el poder de las lágrimas. Si son de tristeza, que las lágrimas llenen el pozo de dolor; si son de alegría que las lágrimas sean como gotas en un mar de felicidad.
Del libro: Estímulos para Orar, En tiempos de dolor o enfermedad

Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición. Que mis ojos sonrían diariamente por el cuidado y compañerismo de mi familia y de mi comunidad.
Que mi corazón sonría diariamente por las alegrías y dolores que compartimos. Que mi boca sonría diariamente con la alegría y regocijo de tus trabajos.
Que mi rostro dé testimonio diariamente de la alegría que tú me brindas. Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.
Por: María T. De Calcuta

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.