Señor, que has creado todo el universo, y has dotado a la tierra de riquezas suficiente para alimentar a todos los hombres que habitan, ven en nuestra ayuda. Señor, que cuidas de los lirios del campo y de las aves del cielo, los vistes, los nutres y los haces prosperar, manifiesta sobre nosotros tu providencia paterna.
Ayúdanos, Señor, ya que nuestra salvación sólo puede venir de hombres honestos y buenos. Infunde en el corazón de nuestros prójimos el sentido de la justicia, de la honestidad, y de la caridad. Cuida de nuestra familia que confiadamente espera de ti el pan de cada día. Fortalece nuestros cuerpos. Da serenidad a nuestra vida, a fin de que podamos corresponder más fácilmente a tu gracia divina y sentir que sobre nosotros, sobre nuestras preocupaciones y angustias, vela tu amor de Padre.
Amén
Autor desconocido

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.