
En ocasiones son tantos los momentos de dolor, angustia y soledad en nuestra vida que necesitamos ser confortados y acompañados para descubrir la presencia de Dios que permite todo para nuestro bien.
(Lc 22,44-44)
Después se alejó de ellos como a la distancia a la que uno tira una piedra, y doblando las rodillas, oraba diciendo: “Padre, si quieres, aparta de mí esta prueba. Sin embargo, que no se haga mi voluntad sino la tuya”. Entonces se le apareció un Ángel del cielo que venía a animarlo, y empezó a luchar contra la muerte. Oraba con más insistencia y de su sudor se convirtió en grandes gotas de sangre que caían hasta el suelo. Palabra de Dios…
En muchos momentos y en diversas circunstancias nos acercamos a Dios con la esperanza de ser escuchados, de encontrar en El respuesta a nuestras inquietudes. Necesitamos renovar nuestra fe y la certeza de que el Señor nos dará aquello que anhelamos en nuestro corazón o nos dará la aceptación serena de aquello que, aunque diferente a lo que hemos pedido, El nos permitirá vivir para nuestro bien.
Coloquemos, confiados, nuestras peticiones en el corazón de Dios, por intercesión de sus Ángeles y renovemos nuestra fe en sus palabras: “ ¡No teman, sus oraciones han sido escuchadas!”.
Anónimo

Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición. Que mis ojos sonrían diariamente por el cuidado y compañerismo de mi familia y de mi comunidad.
Que mi corazón sonría diariamente por las alegrías y dolores que compartimos. Que mi boca sonría diariamente con la alegría y regocijo de tus trabajos.
Que mi rostro dé testimonio diariamente de la alegría que tú me brindas. Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.
Por: María T. De Calcuta

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.