
Felices los que siguen al Señor por la senda del buen Samaritano.
Los que se atreven a andar tras sus pasos A superar las dificultades
del camino. A vencer los cansancios de la marcha. Los que al andar
van trazando sendas nuevas para que otros sigan, entusiasmados,
y continúen la obra del Señor. Los que, atentos y presurosos,
cambian su ruta para salir al encuentro del Señor vivo en el que sufre,
tan presente en estos tiempos, tan cercano para algunos,
para otros tan lejano.
Felices los que dan la vida por los demás. Los que trabajan duro por la justicia anhelada. Los que construyen el Reino desde lugares remotos. Los que, anónimos y sin primeras planas, entregan su vida para que otros vivan más y mejor. Los que con su diario sacrificio abren huellas de humanidad nueva en un mundo mellado por el egoísmo neoliberal del "dios-mercado".
Felices TODOS los que trabajan por los pobres. Desde los pobres. Junto a los pobres. Con corazón de pobre. Contemplando a diario la hermana muerte, temprana, injusta, dolorosa, en los rostros de los niños olvidados, sin salud, ni educación, ni juegos (infancias robadas por miles en mi continente sufrido desde antaño).
Felices los que viven solidarios dejando el asfalto limpio y prolijo para caminar los senderos pedregosos, polvorientos que abren al mundo de los que no cuentan en los números o estadísticas de los ministerios de turno.
Felices los que aman al hermano concreto. Los que no se van en
palabras sino que muestran su amor verdadero en obras de vida,
de compañía y de entrega sincera.
Felices los que enseñan, los que intentan que todos aprendan
sin distinciones de color, piel o dinero.
Felices los que comparten sus bienes Don-regalo del Buen Dios para vivir como hermanos y demostrarlo en la práctica. Los que no guardan con egoísmo sino que brindan y comparten.
Felices los que caminan juntos. Los que se ayudan en las buenas y en las malas, los que aprenden que mas pueden dos juntos que uno solo.
Felices TODOS los que piensan primero en el hermano y que encuentran su
alegría y el gozo. El sentido de la vida en trabajar por los demás,
por el Reino y por el Señor vivo en medio nuestro.
Amén
Autor: Marcelo Maura

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.