Santísimo Justo Juez, hijo de Santa María, que mi cuerpo no se asombre ni mi sangre sea vertida, donde quiera que vaya y venga, las manos del Señor delante las tenga, las de mi Señor San Andrés, antes y después, las de mi Señor San Blas, delante y detrás, las de la Señora Virgen María, que vayan y vengan, mis enemigos, salgas con ojos y no me vean, con armas y no me ofendan, justicia y no me prenda, con el paño que Nuestro Señor Jesucristo fue su cuerpo envuelto sea mi cuerpo, que no sea herido ni preso, ni en vergüenza de la cárcel puesto.
Si en este día y hubiese alguna sentencia en contra mía, que se revoque por la bendición del Padre, del Hijo y el Espíritu Santo. Amen
La compañía de Dios sea conmigo y el Manto de Santa María su madre, me cobije y de los malos peligros me defienda. Ave María, gracias plena, me libre de todo espíritu maligno bautizado y por bautizar.
Cristo de todos los malos peligros me defienda. El Señor y justo individual hijo de Santa María Virgen, aquel que nació en aquel solemne día, que no pueda ser muerto ni me quieran mal.
Amén
Esta es la verdera y legítima oración del Justo Juez, habiendo sido bendecida en la capilla del Templo de nuestra Señora de la Caridad del Cobre, Santiago de Cuba, por el padre Gerardo.
Dios misericordioso, fuente y origen de nuestra salvación, haz que, mientras dure nuestra vida aquí en la tierra, te alabemos constantemente y podamos así participar un día en la alabanza eterna del cielo.
Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, quién contigo y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos.

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.