
Nadie es dueño de tu felicidad, por eso, no dejes tu alegría, tu paz, tu vida en las manos de nadie, absolutamente de nadie...
Somos libres, no pertenecemos a nadie, y no podemos querer ser dueños de los deseos, de la voluntad o de los sueños de quien quiera que sea. La razón de tu vida eres tú mismo.
Tu paz interior es tu meta en la vida. Cuando sientas un vacío en el alma, cuando acredites que aún te está faltando algo, aún teniéndolo todo, guarda tus pensamientos para tus deseos más íntimos y busca la divinidad que existe en ti. ¡Deja de situar tu felicidad cada día más distante de ti! No coloques el objetivo demasiado lejos de tus manos, abraza a los que están a tu alcance hoy.
Si andas preocupado por problemas financieros, amorosos o de relaciones familiares, busca en tu interior la respuesta para calmarte, tú eres el reflejo de lo que piensas diariamente.
¡Deja de pensar mal de ti mismo y sé tu mejor amigo siempre! Sonreír significa aprobar, aceptar, facilitar. Entonces, ¡habrá una sonrisa para aprobar el mundo que quiere ofrecerte lo mejor!
Con una sonrisa en el rostro... las personas tendrán las mejores impresiones de ti, y tú estarás afirmando para ti mismo, que estás próximo para ser feliz!! Trabaja, trabaja mucho a tu favor.
Deja de esperar la felicidad sin esfuerzos. Deja de exigir de las personas aquello que ni para ti has conquistado aún. Critica menos, trabaja más. No te olvides nunca de agradecer. Agradece todo lo que está en tu vida en cada momento, inclusive el dolor.
Nuestra comprensión del universo, aún es muy pequeña para juzgar lo que quiere que sea en nuestra vida. La grandeza no consiste en recibir honores....sí en merecerlos.
Autor: Aristóteles

Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición. Que mis ojos sonrían diariamente por el cuidado y compañerismo de mi familia y de mi comunidad.
Que mi corazón sonría diariamente por las alegrías y dolores que compartimos. Que mi boca sonría diariamente con la alegría y regocijo de tus trabajos.
Que mi rostro dé testimonio diariamente de la alegría que tú me brindas. Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.
Por: María T. De Calcuta

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.