¡Oh Jesús, tan amable y tan poco amado! Nos postramos humildemente al pie de la Cruz, para ofrecer a tu Divino Corazón, abierto por la lanza y consumido por el amor, el homenaje de nuestras profundas adoraciones.
Bendecimos mil veces la hora y el momento en que, bajo el hierro de la lanza, surgió la Sangre y Agua salida de la herida hecha a tu Divino Corazón. Dígnate aplicarla eficazmente al mundo desgraciado y culpable. Lava, Purifica, regenera las almas en las ondas de esta verdadera piscina de Siloé.
Permite, Señor, que arrojemos de ella nuestras iniquidades y las de todos los hombres, suplicándote por el amor inmenso que abrasa tu Sagrado Corazón, que nos encierres ahí. En fin, dulcísimo Jesús, permite que fijando para siempre nuestra morada en este Corazón adorable, pasemos en Él santamente nuestra vida y exhalemos en paz nuestro último suspiro. Así sea.
Autor desconocido

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.