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Acuerdo No. 1 – No Hagas Suposiciones No asumas ni supongas nada que no hayas comprobado. Si tienes cualquier duda, (por muy pequeña que sea) aclárala. Si sospechas de algo, pregunta. Hacer suposiciones te lleva a inventar historias increíbles que sólo envenenan tu alma y que, con frecuencia, no tienen ningun fundamento.
Acuerdo No. 2 – Habla Impecablemente y Honra tu Palabra Lo que sale de tu boca es lo que realmente eres tú. Tus palabras tienen magia, pueden construir o destruir tu vida y la de los demás. Si no cuidas y honras tus palabras, no te estás honrando a ti mismo; y si no te honras a ti mismo, no te amas. Honrar tus palabras es ser coherente entre lo que piensas, lo que dices y lo que haces. De esta manera, eres auténtico y te hace respetable ante los demás y ante ti mismo.
Acuerdo No. 3 – Haz Siempre lo Mejor que Puedas Si siempre haces lo mejor que puedas, nunca podrás recriminarte ni arrepentirte de nada.
Acuerdo No. 4 – No te tomes nada personal Ni la peor ofensa. Ni el peor desaire. Ni la más grave herida. En la medida que alguien te quiere lastimar, en esa medida ese alguien se lastima a si mismo. Pero el problema es de él y no tuyo. Tú decides si lo aceptas o no.
Autor: Dr. Miguel Ruiz

Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición. Que mis ojos sonrían diariamente por el cuidado y compañerismo de mi familia y de mi comunidad.
Que mi corazón sonría diariamente por las alegrías y dolores que compartimos. Que mi boca sonría diariamente con la alegría y regocijo de tus trabajos.
Que mi rostro dé testimonio diariamente de la alegría que tú me brindas. Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.
Por: María T. De Calcuta

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.