
No esperes una sonrisa, para ser gentil. No esperes ser amado, para amar. No esperes estar solo, para reconocer el inmenso valor de un amigo. No esperes el luto del mañana, para reconocer la importancia de quienes están hoy en tu vida. No esperes tener el mejor de los empleos, para ponerte a trabajar. No esperes la nostalgia del otoño, para recordar un consejo . No esperes ...
No esperes la enfermedad, para reconocer que tan frágil es la vida. No esperes a la persona perfecta, para entonces enamorarte. No esperes el dolor, para pedir perdón. No esperes la separación, para buscar la reconciliación. No esperes el dolor para elevar una oración. No esperes elogios, para creer en ti mismo. No esperes ...
No esperes que los demás tomen la iniciativa, cuando sabes que tu has sido el culpable. No esperes el "yo también" para decir "te amo". No esperes tener dinero por montones, para entonces ayudar al pobre. No esperes el día de tu muerte, si aún no has amado la vida. No esperes ...

Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición. Que mis ojos sonrían diariamente por el cuidado y compañerismo de mi familia y de mi comunidad.
Que mi corazón sonría diariamente por las alegrías y dolores que compartimos. Que mi boca sonría diariamente con la alegría y regocijo de tus trabajos.
Que mi rostro dé testimonio diariamente de la alegría que tú me brindas. Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.
Por: María T. De Calcuta

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.