Señor misericordioso, acompáñanos a través de esta noche, y permite que la luz de Tu amor ilumine las horas tenebrosas. Vela sobre los seres que amamos, ya estén cerca o lejos, y protégelos en el momento de peligro. Haz que el calor de Tu presencia cure las heridas sufridas durante el día que acaba de pasar, y concede a la mente descansar en calma.
Expulsa del alma los temores y la sensación de soledad, ya que tan cerca estás. Bendícenos con sueño reparador y renueva energías para enfrentarnos con los deberes del día que en breve despuntará.
Amén
Autor desconocido

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.