Permíteme, Arcángel Gabriel, que escuche a cuantos me rodean. No dejes que me resista a la verdad. Que mis ojos físicos se abran y también los de mi corazón. No permitas que la terquedad haga su nido en mi interior.
Libérame de todo cuanto pueda hundirme en la ignorancia. Ayúdame a oír la voz del Señor, mi Dios y no dejes que me conduzca con obstinación. Ayúdame a utilizar palabras y actitudes de amor y de júbilo a abrir mi corazón a todo lo bello, pues la belleza también es sabiduría del Señor.
Permíteme escuchar con el corazón y con la mente, tener paciencia para esperar y reconocer el pensamiento sabio cuando llegue. Nunca me abandones en medio de la oscuridad del que no quiere ver, porque tú eres el Mensajero de la luz, y hacia la llama de Dios me conducirás.
Mensajero del Señor guía mis pasos por el camino del conocimiento, y nunca permitas que mi corazón se cierre a la brillante luz del Amor, porque el Amor en el nombre de Dios en sabiduría.
¡AMEN!
Autor desconocido

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.