
Ni la tristeza, ni la desilusión, ni la incertidumbre, ni la soledad,
NADA ME IMPEDIRÁ SONREÍR.
Ni el miedo, ni la depresión, por más que sufra mi corazón,
NADA ME IMPEDIRÁ SOÑAR.
Ni la desesperación, ni la ignorancia, mucho menos el odio o alguna ofensa,
NADA ME IMPEDIRÁ VIVIR.
En medio de las tinieblas, entre los espinos, en las tempestades y en extraviados caminos,
NADA ME IMPEDIRÁ CREER EN DIOS.
Así errando y aprendiendo, todo me será favorable, para que yo pueda siempre evolucionar, perseverar, servir, cantar, agradecer, perdonar, recomenzar... QUIERO VIVIR EL DIA DE HOY, COMO SI FUESE EL PRIMERO, COMO SI FUESE EL ÚLTIMO, COMO SI FUESE EL ÚNICO.
Quiero vivir el momento de ahora como si aun fuese temprano, como si nunca fuese tarde. Quiero mantener el optimismo. Conservar el equilibrio. Fortalecer mi esperanza y recomponer mis energías. Para prosperar en mi misión y vivir alegre todos los días. Quiero caminar con la certeza de llegar. Quiero luchar con la certeza de vencer. Quiero buscar con la certeza de encontrar. Quiero saber esperar para poder realizar los ideales de mi ser. EN FIN ...Quiero dar lo máximo de mi, para vivir intensamente y maravillosamente TODOS LOS DÍAS DE MI VIDA.
Anónimo

Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición. Que mis ojos sonrían diariamente por el cuidado y compañerismo de mi familia y de mi comunidad.
Que mi corazón sonría diariamente por las alegrías y dolores que compartimos. Que mi boca sonría diariamente con la alegría y regocijo de tus trabajos.
Que mi rostro dé testimonio diariamente de la alegría que tú me brindas. Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.
Por: María T. De Calcuta

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.