
Que Dios, infinitamente misericordioso, infinitamente puro y bueno, bendiga el pedazo de tierra donde está implantado mi hogar, el patio de mi casa, y la finca donde laboriosamente se levanta la planta que da vida a nuestro cuerpo y sirve de inspiración sublime a nuestro espíritu. Que cada terrón de tierra reciba un caudal hermoso de la energía vital del cosmos para que nuestros frutos sean cada vez más hermosos, sanos y puros.
Elevo mi pensamiento hasta el Gran Arquitecto del Universo, uniendo mi voluntad a la de todas las almas protectoras de la naturaleza, para pedirle al Altísimo que haga que la lluvia bendita de los cielos sea en cantidad suficiente para saturar de alimento y vitalidad nuestras plantas, para que haga que el sol hermoso y radiante, envié siempre sus rayos saturados de energía vital sobre nuestro suelo querido.
Bendice, Padre de las Alturas, toda nuestra tierra. No permitas que los cataclismos naturales destrocen nuestro terruño querido. No permitas, Señor, que la conciencia humana reciba el uso de proyectos de destrucción que lleven la desolación a las puertas de sus hermanos de la tierra. Riega la semilla de la paz en toda la humanidad para que la destrucción y el caos no azoten nuestros campos tan queridos. Haz, Padre mío, que el verdor de la naturaleza sea un símbolo eterno de Tu gloria a la orilla de nuestras carreteras.
Que la brisa sobre nuestros suelos sea un susurro de tu amor sublime, de Tu poder y de Tu gloria. Permite Señor que nuestra mata de caña sea cada día más dulce, nuestras verduras más frescas y más sanas, nuestros granos más abundantes y toda la naturaleza un canto de gratitud y de esperanza para nuestras almas.
Quiero Tu bendición de amor para cada grano de tierra. Quiero la fecundidad sublime en cada átomo. Quiero la energía vital en la raíz de cada planta. Quiero le evolución continua de toda la naturaleza. Quiero de todo corazón que el Espíritu Santo flote siempre sobre todas las aguas y sobre todas las formas para que así tengamos en todos los hogares del rico y del pobre, del humilde y el grande, el pan nuestro de cada día y se haga la voluntad del Señor por los siglos de los siglos.
Amén.
Del Libro: Oremos

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.