Oh, Dios te ofrecemos alabanza y bendición, por las dulces tareas de la maternidad en la vida humana. Te bendecimos por nuestras propias madres que construyeron nuestras vidas con su ejemplo; que nos trajeron al mundo con dolor y nos amaron más por ello; que nos alimentaron con su seno y que nos arrullaron para dormir en la suave seguridad de sus brazos.
Te damos gracias por su amor que no se cansa nunca, por sus oraciones sin palabras, por la agonía con que nos siguieron a través de nuestros pecados y porque nos hicieron volver al buen camino con el poder de sacrificio y redención que recibieron de Ti. Te rogamos que nos perdones si en nuestro atolondrado egoísmo aceptamos su amor como nuestro derecho sin devolverles la ternura que ellas nos piden como única recompensa.
“Bendiciones a todas las madres de Puerto Rico y del mundo entero, Señor Jesús; que en ellas solo brille la paz, el amor y la sabiduría, porque en sus manos está gran parte del futuro del Universo” Bendiciones infinitas.

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.