
Gran abundancia hay en casa del hombre honrado, pero al malvado no le aprovechan sus ganancias. Los sabios esparcen sabiduría con sus labios; lo necios, con su mente hacen todo lo contrario. El Señor no soporta la conducta de los malvados; pero ama a quien vive una vida recta.
Al que deja el buen camino se le corrige con dureza; el que odia la represión morirá. Si a la vista del Señor están la muerte y el sepulcro, ¡con mayor razón los pensamientos de los hombre! La mente inteligente busca el saber, pero los necios se alimentan de necedades.
Más vale comer verduras con amor, que carne de res con odio. El que es impulsivo provoca peleas; el que es paciente las apacigua. EL hijo del sabio alegra a sus padres; el necio los menosprecia. ¡Qué grato es hallar la respuesta apropiada, y aún más cuando es oportuna!
El que se da a la codicia arruina su propia casa, pero el que rechaza el soborno, vivirá. El hombre justo piensa lo que ha de responder, pero el malvado lanza maldad por la boca. El honrar al Señor instruye en la sabiduría; para recibir honores, primero hay que ser humilde.
“Padre amado permítenos utilizar toda la sabiduría que nos has regalado con cada prueba, con cada dolor, con cada experiencia…para que seamos mejores seres humanos y poder honrarte cada día más. También te pedimos por todos aquellos que necesitan dirección en sus vidas, por los que necesitan fortaleza para continuar hacia adelante, por todas las personas que se sienten solas en este maravilloso caminar. Padre obra de manera especial en sus vidas y eleva al espacio cuanta mala sombra pueda estar a sus alrededores impidiendo su felicidad. Así lo esperamos por Jesucristo nuestro Señor, AMEN."
Vilma Reyes

Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición. Que mis ojos sonrían diariamente por el cuidado y compañerismo de mi familia y de mi comunidad.
Que mi corazón sonría diariamente por las alegrías y dolores que compartimos. Que mi boca sonría diariamente con la alegría y regocijo de tus trabajos.
Que mi rostro dé testimonio diariamente de la alegría que tú me brindas. Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.
Por: María T. De Calcuta

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.