
Salmo 7
Señor, mi Dios, en ti busco protección; ¡Sálvame de todos lo que me persiguen! ¡Líbrame, pues son como leones; no sea que me despedacen y no haya quien me salve!
Señor, mi Dios ¿en cuál de estas cosas he incurrido? ¿Acaso he cometido un crimen? ¿Acaso he pagado a mi amigo mal por bien? De ser así, que mi enemigo me persiga; que me alcance y me arrastre por el suelo, y que haga rodar por el suelo mi honor.
¡Levántame, Señor, con furor! ¡Haz frente a la furia de mis enemigos! Tú, que has decretado hacer justicia, ¡ponte de mi parte! Rodéate del conjunto de las naciones y pon tu trono en lo alto por encima de ellas.
Señor, tú juzgas a las naciones; júzgame conforme a mi honradez; júzgame conforme a mi inocencia. Dios justo, que examinas los pensamientos y los sentimientos más profundos, ¡pon fin a la maldad de los malvados, pero al hombre honrado manténlo firme!
Mi protección es el Dios altísimo que salva a los de corazón sincero. Dios es un juez justo que condena la maldad en todo tiempo. Si el hombre no se vuelve a Dios, Dios afilará su espada; ya tiene su arco tenso, ya apunta sus flechas encendidas, ¡ya tiene listas sus armas mortales! Miren al malvado; tiene dolores de parto, está preñado de maldad y dará a luz mentira.
Ha hecho una fosa muy honda, y en su propia fosa caerá. ¡Su maldad y su violencia caerán sobre su propia cabeza!
Alabaré al Señor porque él es justo; cantaré himnos al nombre del Señor, al nombre del Altísimo.