
Que Dios puede guiar mis pasos. Que Dios tiene el poder para sostenerme. Que Dios, con su sabiduría, puede enseñarme.
Que Dios me vigila; Dios me oye; Que la voz de Dios me habla; que con Su palabra, Dios intercede en mi favor. Que, con Su mano, Dios me protege; Que la voluntad de Dios preside mis actos; Que, con Su escudo, Dios me amparará...
Que, con sus ejércitos, Dios me defenderá. Cristo conmigo: Cristo ante mí. Cristo me sigue:
Cristo mora en mí. Cristo en mis pasos: Cristo sobre mí: Cristo a mi diestra: Cristo junto a mí: Cristo circundándome:
Cristo alzándose ante mí.
Cristo en el corazón de todo aquel que piensa en mí. Cristo en los labios de todo aquel que me habla: Cristo en el oído de todo aquel que oye hablar de mí. Cristo en los ojos de todo aquel que me ve…
Por: San Patricio

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.