
Cristo divino, cúranos, estamos enfermos, necesitamos que tú pases tu mano de Médico divino sobre nosotros. Pon tu mano sobre nuestra cabeza y purifica nuestros pensamientos, sana nuestras intenciones.
Posa tu mano sobre nuestro corazón, sánanos de cualquier enfermedad de nuestro cuerpo, tú milagroso, tú poderoso. ¡Oh Cristo, te pedimos alivio! Nosotros creemos en tu infinito poder sanador, nosotros los débiles, nosotros los enfermos, nosotros los convalecientes, nosotros los desalentados.
Ahora acudimos a ti, en este momento, te suplicamos, que haya muchos que reciban salud por tu poder infinito, por el adorable poder que tú tienes de sanar al hombre. ¡Cristo infinito! ¡Cristo eterno! ¡Cristo amigo! ¡Sánanos! Amen
“Cristo amado, tú que eres el dueño de mi vida, de mi salud, de mis sentimientos y sin ti nada ocurre, nada existe, nada florece! Te pido en estos momentos sean tocados por tu misericordioso poder; todas aquellas personas que tengan algún tipo de condición o enfermedad. Para que sean sanados desde lo más profundo de las heridas del corazón… hasta la más simple dolencia que pueda habitar en ellos. Pongo toda mi confianza en ti y en la buena voluntad que siempre tienes para con nosotros” Si usted desea oremos todos juntos con mucha confianza, amor y fe, la Oración que nuestro Señor nos ha enseñado…
El Padre nuestro…
Cariños,
Vilma Reyes

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.