Rompe los velos del silencio, y despoja las nostalgias que recuerdas con desaire. No sientas que el mundo te deprime, mira todas las maravillas que están a tu alrededor, todo fue creado para ti. Ven, toma mi mano, mi deseo es compartirla contigo.
Quiero llevarte a los sueños de esperanza eterna, aquellos donde no existe espacio ni tiempo, y su gama de colores iluminarán tu vida. Déjate llevar por mis promesas. Cree en mí, Yo soy la llave de salvación. Clama en silencio con certeza, en público contestaré tus peticiones, mi suave brisa te elevará al cielo y sentirás fortaleza en tu interior.
Porque Yo soy El Camino, La Verdad y La Vida, Tú Médico y Tú Abogado. No permitas que nada te aparte de mi camino adorna tu rostro con la mejor sonrisa y confía en Mí. Soy la llave de la eternidad, la medicina para el dolor. Si en algún momento se nubla tu mirada, no mires los frutos que cultivan tu pesar.
El sacrificio hecho con mi sangre, ha lavado cada una de tus imperfecciones y en la cruz, cargué todos tus pesares. Refúgiate en mi verdad y serás fuerte en tus emociones y debilidades. Las dudas e inseguridades ya no serán tuyas Yo, gobernaré tú vida, reafírmate tú mismo porque eres una persona maravillosa, Y Yo, el Hijo de Dios Altísimo...
Tu Amigo: Jesús El Hijo de Dios

Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición. Que mis ojos sonrían diariamente por el cuidado y compañerismo de mi familia y de mi comunidad.
Que mi corazón sonría diariamente por las alegrías y dolores que compartimos. Que mi boca sonría diariamente con la alegría y regocijo de tus trabajos.
Que mi rostro dé testimonio diariamente de la alegría que tú me brindas. Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.
Por: María T. De Calcuta

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.