
Cuando la persona ganadora comete un error, dice: “Me equivoqué”, y aprende la lección. Cuando una persona perdedora comete un error, dice: “No fue mi culpa”, y se la echa a otros. Una persona ganadora sabe que la adversidad es el mejor de los maestros.
Una persona perdedora se siente víctima ante la adversidad. Una persona ganadora sabe que el resultado de las cosas depende de él. Una persona perdedora cree que la mala suerte sí existe. Una persona ganadora trabaja muy fuerte y genera más tiempo para sí mismo.
Una persona perdedora está siempre “muy ocupada” y no tiene tiempo ni para los suyos. Una persona ganadora enfrenta los retos uno a uno. Una persona perdedora les da vueltas y no se atreve a intentarlo. Una persona ganadora se compromete, da su palabra y la cumple.
Una persona perdedora hace promesas, no asegura nada y cuando falla sólo se justifica. Una persona ganadora dice: “Soy bueno, pero voy a ser mejor”. Una persona perdedora dice:
“No soy tan malo como lo es mucha otra gente”.
Una persona ganadora escucha, comprende y responde. Una persona ganadora respeta a aquellos que saben más que él y trata de aprender algo de ellos. Una persona perdedora resiste a aquellos que saben más que él y sólo se fija en sus defectos.
Una persona ganadora se siente responsable por algo más que solamente su trabajo. Una persona perdedora no se compromete y siempre dice: “Sólo hago mi trabajo”. Una persona ganadora dice: “Debe haber una mejor forma de hacerlo"
Una persona perdedora dice: “Esta es la manera como siempre lo hemos hecho” Una persona ganadora es parte de la solución. Una persona perdedora es parte del problema. Una persona ganadora se fija en “como se ve la pared en su totalidad”.
Una persona perdedora se fija “en el ladrillo que le toca colocar”. Una persona ganadora como tú, comparte este mensaje con sus amigos. Una persona perdedora como los otroses egoísta y se lo guarda para sí mismo. . .
Anónimo

El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo al Señor: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré. El te librará del lazo del cazador, de la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad.
No temerás el terror nocturno, ni saeta que vuele de día, ni pestilencia que ande en oscuridad, ni mortandad que en medio del día destruya. Caerán a tu lado mil y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás y verás la recompensa de los impíos.
Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, no te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada. Pues a sus ángeles mandará cerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra. Sobre el león y el áspid pisarás; hollarás al cachorro del león y al dragón.
Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida y le mostraré mi salvación.
"Gracias Señor por tu inmenso amor...Gloria Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que aman al Señor".

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.