.jpg)
¡Vive cada día a plenitud! Aprovecha al máximo cada hora, cada día y cada época de tu vida.
Así, podrás mirar al futuro con confianza y al pasado sin tristeza. Se tú mismo. Pero se lo mejor de ti mismo. Ten valor para ser diferente y seguir tu propia estrella. Y no tengas miedo de ser Feliz.
Goza de lo bello. Ama con toda el alma y el corazón. Cree que te aman aquellas personas a quien tú amas. Olvídate de los que hayas hecho por tus amigos y recuerda lo que ellos hayan hecho por ti.
No repares en los que el mundo te debe y fíjate en lo que tú le debes al mundo. Cuando te enfrentes a una decisión, tómala tan sabiamente como te sea posible. Luego olvídala. El momento de la certeza absoluta nunca llega.
Y, sobre todo, recuerda que Dios ayuda a quienes se ayudan a sí mismo. ¡Obra como si todo dependiera de ti y reza como si todo dependiera de Dios!!
Por: S.H. Payer
“Después de hacer lo que te corresponde…eres capaz de soltar las riendas y entregárselas a nuestro Dios…ensaya!!! Y veras que podrás vivir cada a día a plenitud”
Vilma Reyes

Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición. Que mis ojos sonrían diariamente por el cuidado y compañerismo de mi familia y de mi comunidad.
Que mi corazón sonría diariamente por las alegrías y dolores que compartimos. Que mi boca sonría diariamente con la alegría y regocijo de tus trabajos.
Que mi rostro dé testimonio diariamente de la alegría que tú me brindas. Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.
Por: María T. De Calcuta

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.