
Yo le había pedido a Dios la fuerza para alcanzar el éxito, pero El me hizo débil a fin de que aprenda humildemente a obedecer.
Yo había pedido a la salud para hacer grandes cosas, pero El me dio la enfermedad para que pueda hacer cosas mejores.
Yo había pedido la riqueza para poder ser feliz, pero me ha dado la pobreza para que pueda ser prudente.
Yo había pedido el poder para ser apreciado por los hombre, pero me dio la debilidad para que experimente la necesidad de Dios.
Yo había pedido un compañero para no vivir solo, pero me dio un corazón para que pueda amar a todos mis hermanos.
Yo había pedido cosas que pudieran alegrar mi vida, pero he recibido la vida para que pueda gozar de todas las cosas.
Yo no he tenido nada de lo que había pedido, pero he recibido todo lo que había esperado. Casi a pesar de mí mismo, mis plegarias no formuladas han sido rechazadas.
Yo soy, entre los hombre, el más ricamente colmado.
Grabado en una pequeña tabla de bronce en un instituto en Nueva York

Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición. Que mis ojos sonrían diariamente por el cuidado y compañerismo de mi familia y de mi comunidad.
Que mi corazón sonría diariamente por las alegrías y dolores que compartimos. Que mi boca sonría diariamente con la alegría y regocijo de tus trabajos.
Que mi rostro dé testimonio diariamente de la alegría que tú me brindas. Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.
Por: María T. De Calcuta

Oh Gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los
ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas,
guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los
rebeldes espíritus infernales.
Te
confiamos Señor; los enfermos, los hermanos que sufren, los
esposos y esposas incapaces de trabajar, los ancianos, cuyas
fuerzas declinan y también los agonizantes. Dales tu luz y
tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido
y puedan fiarse de ti. Líbralos de sus males, por tu
misericordia. Ten piedad, Señor; de los que sufren
desequilibrio nervioso y haz brillar tu luz en medio de su
situación.
Te
doy gracias porque enviaste al arcángel San Gabriel a
anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la
humanidad. María acogió con fe el anuncio y tu Hijo se hizo
carne y, muriendo en la cruz, libertó a todos los hombres.
Pero gran parte de la humanidad todavía no ha recibido el
mensaje de la salvación y vive en las tinieblas.